Domingo 7 de enero: El bautismo de Jesús
En este domingo celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y con ella cerramos el ciclo litúrgico de Navidad para comenzar un tiempo nuevo, el tiempo ordinario. En Navidad hemos celebrado el hecho de que la Palabra se hizo hombre. Hemos recordado el nacimiento y la presencia de Jesús entre nosotros. Hoy comenzamos los domingos normales del año con el relato del Bautismo de Jesús en el Jordán, se nos presenta no ya como niño sino como adulto con capacidad de tomar decisiones.
En el texto del profeta Isaías la Iglesia cristiana desde sus inicios ha visto en el "siervo" una imagen de Jesucristo. Su condición de Siervo de Dios, de ungido por el Espíritu, le sitúan en la línea profética del mesianismo. Su misión es hacer triunfar el derecho y la justicia sosteniéndo a los débiles, renovando las esperanzas por mínimas que sean. El poema retoma un lenguaje no por ser conocido menos importante: abrir los ojos del ciego, liberar a los cautivos... todos estos signos nos invitan a los creyentes a reconocer en este Siervo humilde el verdadero rostro de Dios manifestado en la persona de Jesús. La vida del creyente no puede fundamentarse ni tener como referencia el poder, que se manifiesta en la violencia, la sumisión y la exclusión, sino en el derecho a la justicia y la paz que llega a todos, especialmente a los más débiles.
Con el texto de la segunda lectura (Hechos de los apóstoles) subrayamos la historicidad de la fe cristinana. Jesús se nos presenta como el Ungido por el Espíritu, confesar a Jesucristo es en definitiva confesar que el es el Cristo, el Mesías de Dios. La confesión del hombre creyente no se contenta con admirar al hombre Jesús, ni en reducir su actuación a la de otros grandes personajes de la historia. Se nos presenta a Jesús como aquel que pasó haciendo el bien y curaba a los oprimidos y se nos invita no sólo a admirarle como hombre ético sino a creer en Él.
En el texto de Evangelio vemos como el bautismo de Jesús es el momento clave de su manifestación como Hijo de Dios. Lucas contrapone el bautismo de Jesús con la negativa de Juan a ser considerado mesías. El bautismo de Jesús aparece así como el comienzo de un camino que llevará a Jesús a la Cruz y a la Resurrección. Lucas no se limita a recordar un hecho histórico sino que tiene en cuenta otra realidad eclesial: el bautismo cristiano. La novedad del bautismo cristiano es el don del Espítitu, que nos permite reconocer nuestra identidad de hijos y hermanos de Jesús. Para la mayoría de nosotros el bautismo es simplemente algo que ocurrió en nuestra infancia, por eso el punto de partida es tomar conciencia de lo que implica nuestro bautismo: encontrarnos con Jesús, sentirnos atraídos por él, acompañarle, ver como actúa, implicarnos en su proyecto, ser fieles a su estilo de vida...
Ser discípulos, ser bautizados, en la vida de cada día significa no quedarnos de brazos cruzados y estar dispuestos a implicarnos en la aventura de Jesús.

