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Desde Camerum, saludos de Emilio Almajano

Assalaam aleekum.

Es lo primero que alguien dice por aquí cuando va a una casa. Y es lo que yo te digo ahora, cuando me permito llamar a la tuya. Es un saludo que el fulfuldé, la lengua dominante por aquí, ha tomado prestado del árabe y que quiere decir: “La paz sea con vosotros”.

Me llamo Emilio, estuve de cura en Noviercas y Borobia, ahora estoy en la región que hay más al norte de Camerún, cerca de Ndjamena (capital del Chat) y cerca también del lago Chat.

Por el saludo puedes deducir que es una zona donde los musulmanes están presentes. Llegaron por aquí hace cosa de dos siglos y medio y conquistaron estas tierras. Ahora es la raza dominante, y el fulfuldé es su lengua. Hay que decir que aquí hay otras muchas tribus, cada una con su lengua, unas 50 en el territorio que corresponde a la diócesis.

Es aquí donde hace unos 60 años llegaron los primeros misioneros. Se acercaron a la gente para conocerlos, descubrir sus costumbres, aprender su lengua y… sorprenderse al encontrar en esta gente al Dios que ellos venían a anunciar. Son pueblos muy religiosos.

Poco a poco la misión fue creciendo. Y poco a poco se va convirtiendo en una Iglesia cada vez más local, es decir, con menos misioneros de fuera y más sacerdotes locales, hoy ya son unos veinticinco.

El crecimiento de la misión viene gracias a los pueblos que no se hicieron musulmanes, sino que resistieron a esa invasión. No conozco ningún musulmán que se haya hecho cristiano por estas tierras.

Te cuento una anécdota de hoy mismo. Esta mañana en el mercado me he encontrado con mi amigo Aminou, le he preguntado por una tía suya a la que habían operado de cataratas. El me propone que vayamos a verla, justo después de la oración que ellos hacen por la tarde, ya te puedes imaginar que es musulmán.

Paso a buscarlo y nos vamos hacia casa de la tía, no sin antes comprar un poco de fruta, aquí como allí no está bien ir a ver a un enfermo con las manos vacías. Así que nos presentamos en la casa. Ella sale al salón y comenzamos a charlar. La gente aquí son grandes conversadores: la operación, la recuperación, la familia, el pueblo natal, “vuestra tierra” …

En esta conversación ella me pregunta:

- Tú ¿en qué trabajas?

- Trabajo en la misión, soy sacerdote.

A lo que ella ha espetado:

- Amma… Alla yiida mission!

Que traducido quiere decir “Pero cómo… Dios no quiere la mision”.

Yo me he quedado sorprendido por la claridad con la que ha expresado el rechazo con que aquí nos encontramos de la parte del Islam.

Sabiendo esto así, tan a las claras ¿qué hago? ¿Me revuelvo contra esta situación, o me dejo sorprender por el pequeño milagro de poder contar con amigos musulmanes?

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