Información de la Parroquia de Santa María La Mayor.
24/11/2007
CRISTO REY
Con la fiesta que hoy celebramos, Cristo Rey, cerramos este año litúrgico. A lo largo de todo este año hemos venido recordando domingo tras domingo los pasos y momentos más importantes de la vida de Jesús, y no solamente los hemos recordado sino que hemos hecho memoria de ellos y hemos querido actualizarlos, celebrarlos, y vivirlos en medio de nosotros. Con la fiesta de este domingo culminamos todos esos pasos y momentos de la vida de Jesús, para a partir del próximo domingo comenzar un año litúrgico nuevo, con la celebración del primer domingo del adviento.
Ciertamente aplicar a Jesús de Nazaret el calificativo de Rey es algo que conviene matizar desde un principio para evitar posibles malinterpretaciones. Afirmamos que Jesús es nuestro Rey, pero a diferencia de los reyes y de los reinados de este mundo. Cuando nosotros hoy escuchamos la palabra Rey, podemos pensar en alguien que es de un estatus social más elevado que el nuestro, alguien que tiene poder y fuerza, alguien que está por encima de los demás. También el letrero que pusieron en la cruz de Jesús en el momento de su ajusticiamiento estaba escrito en un cierto tono de mofa: "Jesús Nazareno el Rey de los judíos". Sin embargo merece la pena subrayar otro tono bien distinto del malhechor que crucificaron a un lado de Jesús, que se dirige a él con estas palabras: "Jesús acuérdate de mi cuando llegues a tu reino". Afirmar que Jesús es rey, es afirmar que -siguiendo la tradición bíblica- el ha venido no para ser servido sino para servir.
Por eso celebrar hoy la fiesta de Cristo Rey es celebrar la fiesta del sentido de la vida. Es una fiesta que nos confiere profunda serenidad y paz. Celebramos que estamos y somos en una historia que comienza en Dios y termina en Dios: Cristo principio y fin, alfa y omega. En un mundo y una sociedad tan faltos de razones profundas para la esperanza, donde se nos invita continuamente a quedarnos con lo provisional, con lo que podemos disfrutar aquí y ahora, donde no hay ofertas de futuro, se nos invita a confiar y a esperar.
Celebramos que precisamente en Cristo, nuestra vida tiene sentido. La historia comenzó desde Dios y terminará en Él. El punto final de la historia lo pondrá la bondad de Dios. El sentido de la vida no depende del dinero del mundo, ni del poder del mundo, ni siquiera de la ciencia, aunque esta nos ayude a tener un mayor conocimiento de la realidad.
Que Cristo es rey -desde el pensamiento bíblico- viene a significar que vivimos en el ámbito de los valores de Cristo. El reino de Dios es un reino de justicia, de amor, de paz. Vivir bajo el reino de Dios viene a significar que intentamos y esperamos vivir en un clima de justicia, de amor, de paz. Lo que es don de Dios, su Reino, también es tarea nuestra. Los creyentes trabajaremos así por el respeto, el pluralismo, la tolerancia, la búsqueda de la verdad. Vivir en o bajo el Reino de dios viene a significar vivir en la acción salvadora de Dios. Este reino de Dios, estos valores se hacen presentes en Jesús: el Reino de Dios está presente entre vosotros. Ese reino es vida, es oferta de salvación.
Todo lo que sea vida, crear vida, ayudar a la vida, trabajar contra el hambre, la injusticia, contra el paro, a favor de los más pobres, en contra de la miseria cultural, ideológica, en contra del racismo... todo eso es trabajar y vivir el Reino de Dios.
Pero El reino de Dios no es como los de este mundo. Esto no significa que el Reino de dios no tenga que ver con este mundo: más bien al contrario. El Reino de Dios transformará las situaciones de injusticia y muerte en este mundo. Pero el Reino no es como los de este mundo, unos reinos de explotación, de corrupción, de tráfico de influencias, de armas, de droga, de dinero blanqueado, unos reinados más parecidos a la torre de Babel que a Pentecostés. El Reinado es el del Siervo de Yahvé: humilde y servicial, sacrificado hasta el final, ocupando los últimos puestos.
Vivamos confiadamente, disfrutemos de esa profunda paz interior que no da el mundo, miremos con esperanza y con futuro nuestro entorno, comprometámonos en construir una sociedad de talla más humana. La Eucaristía signo de la presencia del reino, nos ayude a comprometernos en la transformación de nuestro mundo a la luz del evangelio.