Monday, November 24, 2008

ADVIENTO 2008

ANTE EL ADVIENTO OS INVITO A LEER ESTE TEXTO DE BENEDICTO XVI

Volvamos a escuchar la primera antífona de esta celebración vespertina, que se presenta como apertura del tiempo de Adviento y que resuena como antífona de todo el Año Litúrgico: «Anunciad a todos los pueblos: Dios viene, nuestro Salvador». Al inicio de un nuevo ciclo anual, la liturgia invita a la Iglesia a renovar su anuncio a todos los pueblos y lo resume en dos palabras: «Dios viene». Esta expresión tan sintética contiene una fuerza de sugestión siempre nueva.

Detengámonos un momento a reflexionar: no usa el pasado–Dios ha venido– ni el futuro, –Dios vendrá–, sino el presente: «Dios viene». Si prestamos atención, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que siempre tiene lugar: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá una vez más. En cualquier momento, «Dios viene».

El verbo «venir» se presenta como un verbo «teológico», incluso «teologal», porque dice algo que tiene que ver con la naturaleza misma de Dios. Anunciar que «Dios viene» significa, por lo tanto, anunciar simplemente al mismo Dios, a través de uno de sus rasgos esenciales y significativos: es el «Dios-que-viene».

Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento provechoso que tiene lugar con el pasar de los días, de las semanas, de los meses: ¡Despierta! ¡Recuerda que Dios viene! ¡No vino ayer, no vendrá mañana, sino hoy, ahora! El único verdadero Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob» no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene.

Es un Padre que no deja nunca de pensar en nosotros, respetando totalmente nuestra libertad: desea encontrarnos, visitarnos, quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Este «venir» se debe a su voluntad de liberarnos del mal y de la muerte, de todo aquello que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.

Los Padres de la Iglesia observan que el «venir» de Dios –continuo y por así decir, connatural con su mismo ser– se concentra en las dos principales venidas de Cristo, la de su Encarnación y la de su regreso glorioso al fin de la historia (Cf. Cirilo de Jerusalén, «Catequesis» 15, 1: PG 33,870). El tiempo de Adviento vive entre estos dos polos. En los primeros días se subraya la espera de la última venida del Señor, como demuestran también los textos de la celebración vespertina de hoy.

Al acercarse la Navidad, prevalecerá por el contrario la memoria del acontecimiento de Belén, para reconocer en él la «plenitud del tiempo». Entre estas dos venidas, «manifestadas», hay una tercera, que san Bernardo llama «intermedia» y «oculta»: tiene lugar en el alma de los creyentes y tiende una especie de puente entre la primera y la última.

«En la primera –escribe san Bernardo–, Cristo fue nuestra redención en la última se manifestará como nuestra vida, en ésta será nuestro descanso y nuestro consuelo» («Disc. 5 sobre el Adviento», 1).

Para la venida de Cristo que podríamos llamar «encarnación espiritual», el arquetipo es María. Como la Virgen conservó en su corazón al Verbo hecho carne, así cada una de las almas y toda la Iglesia están llamadas en su peregrinación terrena a esperar a Cristo que viene, y a acogerlo con fe y amor siempre renovados.

La Liturgia del Adviento subraya que la Iglesia da voz a esa espera de Dios profundamente inscrita en la historia de la humanidad, una espera a menudo sofocada y desviada hacia direcciones equivocadas. Cuerpo místicamente unido a Cristo Jefe, la Iglesia es sacramento, es decir, signo e instrumento eficaz de esa espera de Dios.

De una forma que sólo Él conoce, la comunidad cristiana puede abreviar la venida final, ayudando a la humanidad a salir al encuentro del Señor que viene. Y esto lo hace antes que nada, pero no sólo, con la oración. Las «obras buenas» son esenciales e inseparables a la oración, como recuerda la oración de este primer domingo de Adviento, con la que pedimos al Padre Celestial que suscite en nosotros «la voluntad de salir al encuentro de Cristo, con las buenas obras».

Desde este punto de vista, el Adviento es más adecuado que nunca para convertirse en un tiempo vivido en comunión con todos aquellos –y gracias a Dios son muchos—que esperan en un mundo más justo y más fraterno.

Este compromiso por la justicia puede unir en cierto sentido a los hombres de cualquier nacionalidad y cultura, creyentes y no creyentes. Todos de hecho están animados por un anhelo común, aunque sea distinto por sus motivaciones, hacia un futuro de justicia y de paz.

¡La paz es la meta a la que aspira toda la humanidad! Para los creyentes «paz» es uno de los nombres más bellos de Dios, quien quiere el entendimiento entre todos sus hijos.

Un canto de paz resonó en los cielos cuando Dios se hizo hombre y nació de una mujer, en la plenitud de los tiempos (Cf. Gálatas 4, 4).

Comencemos pues este nuevo Adviento –tiempo que nos regala el Señor del tiempo–, despertando en nuestros corazones la espera del Dios-que-viene y la esperanza de que su nombre sea santificado, de que venga su reino de justicia y de paz, y que se haga su voluntad así en el cielo como en la tierra.

Dejémonos guiar en esta espera por la Virgen María, madre del Dios-que-viene, Madre de la Esperanza, a quien celebraremos dentro de unos días como Inmaculada: que nos conceda la gracia de ser santos e inmaculados en el amor cuando tenga lugar la venida de nuestro Señor Jesucristo, a quien, con el Padre y el Espíritu Santo, se alabe y glorifique por los siglos de los siglos. Amén.

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Wednesday, November 1, 2006

DIETA PARA EL ESPÍRITU

¡Hola! Unos amigos me han envíado en un correo electrónico este texto y como “no tiene desperdicio” quiero compartirlo con todos vosotros, los que habitualmente entráis al blog. Por cierto… ¡admite comentarios! Esto es un espacio de Comunión y Diálogo. ¡Gracias por entrar y por querer informarte de las cosas de la parroquia!

José Antonio Encabo

“DIETA PARA EL ESPÍRITU”

de MARÍA JOSÉ SOTORRÍO, monja trinitaria en el monasterio de Suesa

SUESA (CANTABRIA).

“Hace unos días deambulaba por un supermercado cuando de repente me encontré, o mejor, fui consciente, de que estaba en el pasillo de “Productos para el cuidado el cuerpo”, alimentos bajos en calorías, ricos en fibra, etc.

Entonces me vino está idea: nuestro Espíritu necesita alimentos bajos en calorías, ricos en fibra, con pocas grasas… El tiempo de tener el espíritu lleno de grasa, estático, poco ágil ya no está acorde con nuestra sociedad y cultura.

Me parece que es tiempo de espíritus fuertes, flexibles, dinámicos…, llenos de vida, que irradien energía, con músculo… Y claro, viene la pregunta: ¿cuáles son los alimentos del Espíritu bajos en calorías, ricos en fibra?

Alimentos bajos en calorías son todos aquellos que nos hacen crecer en nuestro interior hacía la plenitud y dilatan nuestras ansias de búsqueda de Infinitud. Son los que despiertan nuestros sentidos, nos enseñan a mirar, no a ver; a escuchar no a oír; a contactar con la naturaleza… Todo esto alimenta el espíritu, ayuda a ser consciente y a vivir el momento presente, no con rutina sino con sorpresa y novedad.

Alimentos ricos en fibra son todos aquellos que nos quitan miedo, que descongestionan nuestros pulmones y sangre de tedio, de apatía, de temores. Alimentos ricos en reconciliarnos con nosotros mismos, en autoestima, en descubrimiento y experiencia del Dios ternura -amor que envuelve en afecto y abrazos a sus hijos-. ¿Cómo? recuperando el silencio, la soledad, el conocimiento de uno mismo, compartiendo desde el ser y no desde el tener…

Alimentos con bífidos son aquellos que renuevan e inmunizan nuestro organismo, por ejemplo, el encuentro con el Amor Trinitario de Dios. ¿Cómo? A través de talleres de oración, de la danza contemplativa, del trabajo manual, de todo aquello que potencie una Experiencia de amor-comunión…

Ojalá el Espíritu pronto nos comunique su dieta para este nuevo curso.

Le pido que nos inspire recetas que derritan la grasa, esas corazas que nos ponemos, esas fórmulas tantas veces repetidas, con las que damos por hecho que todo tiene que ser así, como siempre.

Necesitamos derretir capas, máscaras y dejar al Espíritu entrar en el fondo de nuestro ser, que queme tanto cartón y papel que no irradia la Vida que llevamos dentro. Necesitamos sencillez, sinceridad, humanidad, naturalidad…

Cada época lleva unas formas nuevas. El ser humano necesita cambios, novedad, experiencias de creatividad, de ser artífice de su vida, de sentirse a gusto… ¿Dónde está la creatividad? Empecemos una experiencia viva, alimentada con ingredientes naturales, sanos, nada de comida basura.

Necesitamos alimentos que posibiliten un contacto directo, profundo con el Dios-Amor, y a partir de ahí da igual fórmulas viejas que nuevas, pero hasta que se produzca ese contacto intimo, profundo, lleno de riesgo con el Dios Amor, creemos dinámicas, potenciemos celebraciones vivas llenas de riesgo, de encuentro, de vértigo al perderte en el vacío, de no controlar y llenarte de Él.

Alimentos sanos, bajos en calorías, ricos en vitaminas, bífidos activos que ayuden a nuestros espíritus a limpiar la grasa acumulada que nos impide llevar la ropa nueva del espíritu.

Hoy necesitamos deportes de alto riesgo, puenting, rafting, kitesurf, es decir, soledad, silencio, oración… Ofertemos deporte de alto riesgo, irradiemos Vida a lo grande, a lo Dios. Estemos atentos y escuchemos porque el Espíritu ya está comunicándonos su dieta.”
Posted by parroquiaolvega at 21:10:00 | Permalink | Comments (2)